La lealtad es un sentimiento de solidaridad y compromiso que unifica las necesidades y expectativas de la familia, así como los pensamientos, sentimientos y motivaciones de cada miembro (E. Corbera). Estos “contratos familiares” están alimentados por el sistema de creencias que proporciona al sistema familiar una identidad y a sus miembros el sentimiento de pertenencia y que favorece que haya un equilibrio en las relaciones.

Las lealtades familiares son inconscientes y lo que nos lleva a “aceptar” ese contrato familiar, ese compromiso, es el Amor infantil, inconsciente, que nos vincula a nuestro clan.  Nacemos a la vida con un sentimiento inconsciente de deuda hacia los que vinieron antes porque, a través de ellos, la vida se ha abierto paso hasta llegar a nosotros.  Sentimos que nos han dado lo más grande que nos pueden dar, la vida, y esa deuda jamás podremos saldarla porque nosotros no podemos dar a los que nos precedieron algo de la misma magnitud que lo que ellos nos han dado. Al mismo tiempo, tenemos una necesidad primaria de pertenencia, necesitamos pertenecer a nuestro clan, a nuestra familia y esta necesidad es una necesidad biológica de supervivencia, no podríamos sobrevivir aislados, en solitario. Por tanto, esta necesidad de pertenencia es una fuerza interior muy poderosa, hasta el punto de que tomamos asuntos que un antepasado no pudo resolver o concluir en su vida y los incorporamos a nuestro destino, nos hacemos cargo de emociones y sentimientos que no nos pertenecen, por esa lealtad, por ese sentimiento de deuda y por esa necesidad de ser aceptados, de pertenecer. Es el caso, por ejemplo, de un hombre que es feliz, tiene todo lo que desea y necesita en su vida (un trabajo que le gusta, salud, una pareja a la que ama y que lo ama profundamente, unos hijos estupendos, no tiene deudas económicas…) y, sin embargo, expresa un sentimiento de “no ser merecedor de esa felicidad”. En lugar de alegrarse por este bienestar que disfruta, mira y se implica emocionalmente con personas que sufren. En consulta vemos que siente una necesidad inconsciente de ser infeliz, de sufrir, como sufrió su madre y su abuela materna que nunca fueron felices. Existe una lealtad ciega hacia la madre y hacia la abuela materna, por amor inconsciente hacia ellas este cliente siente que no tiene derecho a disfrutar de todo lo bueno que le trae la vida, como si disfrutando y sintiendo felicidad estuviera “traicionando” a su madre y a su abuela materna y perdiera el derecho de pertenecer al clan, hay un sentimiento de deslealtad muy profundo, a nivel inconsciente.

Estas lealtades ciegas, invisibles, se reflejan en todos los aspectos de nuestra vida (enfermedades, accidentes, autoestima, trabajo, relaciones interpersonales, si tenemos hijos o no, cómo nos relacionamos con el dinero, etc).

Podemos ser leales a una sola persona de nuestro clan, es una lealtad exclusiva. Por ejemplo, cuando en la familia se juzga mucho a una persona (por su forma de comportarse, por cosas que hizo, por su manera de vivir), o hay alguien del que no se habla, es la “oveja negra” de la familia y nace un descendiente que es calcado a ese antepasado, que tiene una lealtad muy fuerte al sufrimiento de ese antepasado aunque no lo haya conocido. Es una forma de incluir en el sistema a este antepasado excluido. O cuando en la familia uno de sus miembros sufre una tragedia o un drama en su vida y queda un sentimiento en el clan de pena profunda (muertes injustificables como niños que mueren tempranamente o nacen muertos, mujeres que fallecen en el parto…).

En otros casos la lealtad es hacia el padre y hacia la madre. Es una forma de cumplir los deseos y las expectativas de ambos padres o de reparar las frustraciones del padre y de la madre. Por ejemplo, el caso de unos padres que no pueden estudiar o desarrollar una profesión que les gusta y el hijo toma el destino de los padres y se hace cargo de las frustraciones de ambos (el padre siempre quiso ser empresario y no pudo, la madre hubiera querido estudiar magisterio o estudió su carrera y nunca pudo ejercerla. El hijo estudia magisterio y monta una academia. Así cumple el deseo de sus padres, ser empresario como hubiera deseado su padre y enseñar como era la vocación de su madre).

En familias donde ha habido muchos abortos y/o una alta mortalidad infantil, y en la familia no se habla de estos dramas, no se da su lugar a estos niños/as, una forma de lealtad es dedicarse a profesiones sanitarias relacionadas con “salvar vidas infantiles”. Son personas a las que les encantan los niños y no tienen hijos propios y se dedican a cuidar o “salvar” a los bebés/hijos de otras personas (pediatras, cuidadores en guarderías, maestros/as…). Es una manera inconsciente de mostrar lealtad a ese drama familiar que se hubiera podido evitar si hubiese habido un médico o un pediatra que los hubiera podido salvar. De la misma manera, si alguna/s mujer/es del clan  ha fallecido durante el parto, un descendiente siente una necesidad inconsciente de dirigir su vocación a profesiones sanitarias relacionadas con el cuidado y atención a las mujeres durante el embarazo y el parto (matronas, ginecólogos/as…).

Hay lealtades que no son hacia una persona concreta de nuestro sistema familiar, sino hacia alguna circunstancia que se repite a lo largo de las generaciones como un patrón. Por ejemplo, hay en la familia ruinas económicas, estafas, engaños que se repiten como un patrón a lo largo de las generaciones y un descendiente o varios sienten la necesidad inconsciente de no permitirse enriquecerse o disfrutar de una buena posición económica, por lealtad a ese patrón no se permiten disfrutar de lo que los suyos no tuvieron, o todo lo contrario se dedican a “guardar” el dinero de otros (banqueros, inversores, economistas…).  O familias donde se han vivido muchas injusticias, nace un descendiente que encamina su vida hacia profesiones relacionadas con impartir justicia (jueces, abogados, policías…). Es una lealtad no hacia lo que vivió una sola persona, sino hacia  las circunstancias que vivieron muchos miembros de su clan familiar.

La sanación pasa por cambiar la manera de amar a los nuestros, por tomar conciencia de que nuestros antepasados lo que realmente quieren para nosotros es que seamos felices y que vivamos en coherencia, en vez de amarles repitiendo su sufrimiento y sus dramas.  Es ampliar la mirada, es cambiar la mirada de niño/a a la mirada de adulto/a. Respetar  los dramas que nuestros ancestros sufrieron y honrarlos desde nuestra madurez emocional, cortando conscientemente esos lazos invisibles que nos unen a su sufrimiento y a su dolor, dándoles un lugar en nuestro corazón y haciéndonos responsables de nuestra propia vida, de nuestro destino. El Amor adulto no juzga, respeta y honra lo que fue, tal y como sucedió.

En mi consulta elaboramos y estudiamos conjuntamente el árbol genealógico del cliente para desvelar esas lealtades inconscientes y que el cliente pueda sanarlas. Acompaño a mis clientes para que tomen conciencia de qué tipo de lealtad está manifestando y hacia qué miembro o miembros de su clan. Es un trabajo de comprensión profunda desde un Amor maduro y desde el respeto por ese/esos antepasado/s, por las circunstancias que vivieron. Es un trabajo de reconocimiento de estos antepasados hacia los que el cliente manifiesta esa lealtad, ese amor ciego; comprender y reconocer que hicieron lo que pudieron o lo que supieron con los recursos que tenían en ese momento y en las circunstancias que les tocó vivir.

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¿Qué servicios ofrezco?

  • Terapia Individual, de pareja y familiar.
  • Mediación Familiar.
  • Acompañamiento terapéutico en procesos de duelo y pérdidas afectivas.
  • Acompañamiento en procesos de cambio y de crecimiento personal.
  • Identificación y cambio de creencias limitantes.
  • Psicogenealogía (Transgeneracional y Proyecto Sentido Gestacional).

¿Quién soy?

  • Psicóloga Sanitaria Colegiada A0-07603.
  • Psicoterapeuta.
  • Experta en Mediación Familiar.
  • Formación en Psicoterapia Gestalt.
  • Formación en Psicología Sistémica.

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